En esta ocasión les voy a contar acerca de mi experiencia como vendedora de donas que tuvo lugar el pasado martes con el objetivo de ayudar si no con dinero, sí con mucho esfuerzo y tiempo para comprar una lap top que será de mucha utilidad para los alumnos que tomen clases con la profesora Petersen. Para empezar tengo que aceptar que el oficio de vendedor no es nada fácil, jamás en mi vida había intentado vender algo y en esta ocasión descubrí que no es una tarea fácil que implica dejara un lado la pena y estar consciente de que así como puedes vender, también puedes ser rechazado.
Mis amigas Cecilia, Susana y Denise empezamos nuestra labor a las 10 de la mañana, en un principio creí que no sería tan difícil vender esas donas pero conforme fue pasando el tiempo mi desesperación empezó a aumentar al ver que ya era tarde y no habíamos vendido mucho, pero me tranquilicé un poco cuando llegamos a la Facultad de Ingeniería en donde vendimos 5 cajas aproximadamente, posteriormente fuimos a la Facultad de Derecho donde también vendimos algunas cajas y por último visitamos medicina donde no vendimos ni una sola dona, esto me llevó a la conclusión de que los médicos son unos codos.
Regresamos a nuestra Facultad aún con tres cajas, y ya no teníamos tanta esperanza de poder venderlas todas las donas restantes pero afortunadamente antes de entrar a nuestra clase de Taller donde teníamos que entregar el dinero logramos vender todas lo cual me hizo muy feliz porque en realidad nos sentíamos muy cansadas de haber estado caminando de un lugar a otro intentando vender nuestras donas. Después de esta experiencia comprendí que no es nada fácil vender cualquier cosa, por lo que la opción de vender algo en un futuro queda cancelada para mí.
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